Monte Jongas
Lo que un taller de hongos en Bogotá me devolvió
Cultivo20 de mayo de 20264 min de lectura

Lo que un taller de hongos en Bogotá me devolvió

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Diego Alonzo Chacon Torrez

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El día que dejé de huirle a lo diferente


Soy ingeniero civil. Llevo nueve años haciendo cálculos estructurales en un edificio de la Calle 100 con vista a otro edificio. Si me preguntan en una reunión familiar cómo voy, digo "bien" con una sonrisa, y técnicamente no estoy mintiendo. Pero hace seis meses empezó a aparecer un peso raro al despertarme. No tristeza, no ansiedad. Como si estuviera viviendo cada dia en repeticion. Lo aguantaba con café, con planes los viernes, con scrolling. Pero seguía ahí los lunes.

En octubre vi un reel de Monte Jongas en Instagram. Una mujer con cofia y batas blancas le explicaba a alguien cómo se inocula un sustrato. Salía la palabra "taller". Me suscribí sin pensarlo mucho. La semana siguiente me llegó un correo: había cupo para el de noviembre.


El sábado por la mañana

El viernes anterior estaba reventado. Tuve que entregar planos a las 7 de la noche y solo quería un fin de semana inmóvil. Le mandé un mensaje a mi novia: "creo que cancelo". Me respondió "ya pagaste, ve y si no te gusta te devuelves". Me deicidi a ir. La casa queda en Kennedy, cerca al parque Timiza. Toque el timbre. Me abrio Diana. "¿Diego? Pasa, ya estamos." Adentro había seis personas más. Dos parejas, una psicóloga, un estudiante de biología, y yo. Un poco de charla incómoda mientras nos ponían las batas blancas.


Las manos antes que la cabeza

La primera hora fue teoría, qué son los hongos, por qué no son plantas, qué hace el micelio bajo nuestros pies en este preciso momento. Algunas cosas que no sabía y que me hizo apasionarme mas por la siguiente parte. A la hora y media nos pusieron guantes y nos pararon frente a una mesa con sustrato húmedo.


01_manos_DSC06130.JPG


No sé cómo explicar esto sin sonar exagerado. Llevaba meses tocando un teclado, un volante, una pantalla. El sustrato es tibio, denso, vivo. Huele a tierra húmeda y a algo dulce. Me quedé un rato largo solo apretándolo, midiéndole la textura, sintiendo cómo el micelio había convertido grano en una sola masa entretejida. Diana hablaba pero yo dejé de oír palabras un momento. Cuando volví a la conversación, llevaba sonriendo un rato sin darme cuenta.


La inoculación, y la magia del micelio

Después del refrigerio que ellos dan vino la parte que llevaba esperando: la inoculación.


02_inoculacion_DSC06165.JPG


Es un ritual. Mechero encendido, jeringa esterilizada al rojo vivo, sustrato sellado, todo en una zona limpia. Diana lo describió como "el momento donde el micelio se expande". Lo cual me hizo pensar en lo magico del proceso. Cuando me tocó a mí, las manos me tamblabam. Diana me animo. Me dijo "respira hondo, todo esta bien, los hongos son muy fuertes". La segunda vez que lo hice estaba mas tranquilo, y la tercera vez senti como si lo hubiera hechod e toda la vida. No me había concentrado tanto en algo desde la universidad.


La conversación que no esperaba

A las 5 PM, bloques inoculados, y sellados, etiquetados con nuestros nombres. Salimos al patio a tomar aguapanela mientras esperábamos el cierre. Ahí fue empece a hablar con otro de los participantes, me preguntó por qué había venido. Le respondí con la mentira convencional ("siempre me llamaron la atención los hongos"). Me miró un segundo y dijo "pero por qué hoy". Le conté. Lo del peso al despertarme. Lo del modo automático. Le conté algo que ni a mi pareja le había contado completo.Ella asintió y me dijo: "Eso lo veo mucho. Lo arregla volver a hacer cosas con las manos. No te las arreglan tres sesiones de terapia". En ese momento algo hizo click dentro de mi y entonces cai en cuenta de algo que este taller me habia devuelto.


Tres semanas después

Mi bloque empezó a fructificar a los 18 días. Primero unas prutuberancias pequeñas, después un racimo entero. La primera cosecha fue sustancial. Cociné orellanas con ajo y mantequilla un martes en la noche, las comimos con mi novia, y ella dijo "esto esta delicioso me encanta la textura".


05_orellanas_fructificando_DSC03659.JPG

Volví a pedir un kit. Después otro para regalarle a mi cuñado. Llevo cinco bloques activos en la cocina. Y el equipo de Monte Jongas me ha ayudado en todas mis dudas hasta el momento, me siento acompañado por ellos.


¿Recomiendo el taller?

Si llegaste hasta acá leyendo, creo que ya sabes la respuesta. Si estás en Bogotá y sientes que te falta una experiencia diferente o quieres aprender algo nuevo. Te recomiendo este taller. Gracias a todo el equipo y al micelio que sigue trabajando en silencio bajo todos nosotros.


— Diego Alonzo

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